Quinta Temporada

5.01/02: “Sueña Conmigo”

Todos recordamos los cuentos de antes de irnos a dormir de nuestra infancia. El zapato de la Cenicienta, la rana que se convierte en príncipe, la Bella Durmiente que se despierta con un beso. Érase una vez… y entonces vivieron felices y comieron perdices… Cuentos de hadas, la base de los sueños. El problema es que los cuentos de hadas no se hacen realidad. Son las otras historias, las que empiezan con noches oscuras y tormentosas y terminan terriblemente. Son las pesadillas, que siempre parecen volverse realidad. A la persona que inventó la frase “felices para siempre” deberían darle una patada en el culo bien fuerte.

Érase una vezfueron felices y comieron perdices… las historias que contamos son materia de sueños. Los cuentos de hadas no se hacen realidad. La realidad es más atormentante… más turbia… Da más miedo. La realidad es bastante más interesante que vivir felices y comer perdices.

5.03: “Y llego la inundación”

Como cirujanos, nos entrenan para arreglar lo que está descompuesto. Pero en nuestras vidas, el límite es un símbolo de debilidad. Y haremos todo lo posible para evitarlo.

Los huesos se rompen, los órganos estallan, la carne se desgarra. Podemos coser la carne, reparar el daño, calmar el dolor. Pero cuando la vida se desmorona… Cuando nosotros nos desmoronamos… no hay ciencia, ni reglas exactas. Tan sólo tenemos que dejarnos sentir así. Y para un cirujano, no hay nada peor ni mejor que eso.

5.04: “Un mundo feliz”

En el año 6500 antes de Cristo, un tío vio a su amigo enfermo y dijo: “Tengo una idea. ¿Por qué no te hago un agujero en el cráneo? Haré que te encuentres mejor.” Y así nació la cirugía. Suena a locura que se te ocurra una idea como taladrarle a alguien el cráneo. Pero los cirujanos siempre han sido un colectivo confiado. Normalmente sabemos lo que hacemos, y cuando no lo sabemos, actuamos como si lo supiéramos. Caminamos audazmente hacia un terreno sin descubrir, plantamos una bandera y comenzamos a mandar a la gente.

Nos gusta pensar que somos intrépidos, ansiosos por explorar terrenos desconocidos y captar nuevas experiencias, pero el hecho es que siempre estamos aterrorizados. Quizá el terror es parte de la atracción. Algunas personas van a ver películas de terror. Cortamos cosas, nos zambullimos en aguas turbias. Al final del día, ¿no es eso lo que prefieres escuchar, si tienes algo para beber, una amiga y 45 minutos? Los caminos tranquilos hacen historias aburridas. Una pequeña calamidad… de eso vale la pena hablar.

5.05: “No hay ‘Yo’ en el equipo”

Soy una roca. Soy una isla. Ese es el lema de cada cirujano que he conocido. Nos gusta pensar que somos independientes, solitarios, inconformistas que lo único que necesitamos para hacer nuestro trabajo es un quirófano, un bisturí, y un cuerpo listo. Pero la verdad es que ni con lo mejor de nosotros mismos, podemos hacerlo solos. La cirugía, como la vida, es un deporte de equipo. Y finalmente, tienes que levantarte del banquillo y decidir en qué equipo estás jugando.

Elegir equipos en la vida real no es como solía ser en clase de gimnasia. Ser el primero que eligen puede ser terrorífico, y ser el último elegido es lo peor del mundo. Así que miramos desde las afueras, aferrados a nuestro aislamiento. Porque sabemos que en cuanto dejamos el banquillo… llega alguien y cambia el juego por completo.

5.06: “La vida en tiempos de guerra”

Para un cirujano, cada paciente es un campo de batalla. Son nuestro territorio, donde avanzamos, nos retiramos, tratamos de quitar todas las minas antipersona. Y, justo cuando piensas que has ganado la batalla, haciendo del mundo un lugar seguro de nuevo… a lo lejos viene otra mina antipersona.

Algunas guerras resultan una victoria completa y total. Algunas gueras terminan con una ofrenda de paz. Y algunas guerras terminan en esperanza. Pero estas guerras no son nada comparadas con la guerra más espantosa de todas, la que aún queda por luchar.

5.07: “Desenterrando”

Si eres una persona normal, una de las pocas cosas con la que puedes contar en la vida es la muerte. Pero si eres cirujano, hasta esa comodidad se te despoja. Los cirujanos engañan a la muerte. La prolongamos, la rechazamos. Nos colocamos y le mostramos el dedo a la muerte desafiantemente.

Entonces, si la muerte no es el final, ¿con qué puedes contar? Porque no puedes contar con todo en la vida. La vida es lo más frágil, inestable e impredecible que hay. De hecho, sólo hay una cosa sobre la vida de la que podemos estar seguros: no se acaba hasta que se acaba.

5.08: “Esos lazos que nos atan”

Es intenso, lo que ocurre en el quirófano. Cuando hay vidas en peligro, y estás revolviendo cerebros como si fueran plastilina. Formas un vínculo con los cirujanos que tienes al lado, un vínculo irrompible e indescriptible. Es algo íntimo, el unirse de esa manera. Te guste o no, les gustes o no, os convertís en una familia.

Los lazos que nos unen son en ocasiones imposibles de explicar. Nos conectan, hasta cuando parece que los lazos deberían romperse. Algunos vínculos desafían la distancia, y el tiempo, y la lógica… Porque algunos lazos simplemente están predestinados.

5.09: “A medianoche”

Cuando eres pequeña, la noche da miedo porque se esconden monstruos bajo la cama. Cuando te haces mayor, los monstruos son diferentes. Falta de confianza en uno mismo, soledad, arrepentimiento. Y aunque seas más mayor y más sabio, te sigue dando miedo la noche.

Dormir es lo más fácil de hacer. Sólo cierras los ojos. Pero para muchos de nosotros, dormir parece estar fuera de nuestro alcance. Queremos hacerlo, pero no sabemos cómo. Pero una vez que nos enfrentamos a nuestros demonios nos enfrentamos a nuestros miedos y nos entregamos a los demás para ayudar, la noche no da tanto miedo, porque nos damos cuenta de que no estamos completamente solos en la oscuridad.

5.10: “Todo por mi cuenta”

Mi madre lo llamaba el mejor momento y el más aterrador de su vida. Estar frente a la cabeza de la mesa quirúrgica, sabiendo que la vida de un paciente depende de ti y tú estás sola. Es lo que todos soñamos.

Entramos en el mundo solos y nos marchamos solos. ¿Y todo lo que ocurre entre medias? Nos debemos a nosotros mismos encontrar algo de compañía. Necesitamos ayuda, necesitamos apoyo. Si no, estamos solos. Desconocidos… incomunicados de los demás. Y olvidamos lo conectados que estamos. Así que en vez de eso, elegimos el amor. Elegimos la vida… y por un momento nos sentimos un poco menos solos.

5.11: “Ojalá estuvieras aquí”

Todos podemos pedir un deseo al año, al soplar las velas en nuestro cumpleaños. Algunos pedimos más: con las pestañas, en las fuentes, al ver una estrella fugaz… y de vez en cuando alguno de nuestros deseos se cumple. ¿Y qué pasa entonces? ¿Es tan bueno como esperábamos? disfrutamos de nuestra felicidad o nos damos cuenta de que tenemos una larga lista de deseos esperando a ser deseados.

No deseamos lo fácil, deseamos cosas importantes, cosas ambiciosas fuera de nuestro alcance. Deseamos cosas porque necesitamos ayuda, tenemos miedo, y sabemos que quizás pedimos demasiado. Pero seguimos teniendo deseos, porque a veces se hacen realidad.

5.12: “Compasión por el demonio”

Mi madre solía decir lo siguiente sobre la residencia: “tardas un año en aprender a cortar, y una vida a aprender a no hacerlo”. De todo el instrumental quirúrgico, la sensatez es el utensilio maestro, sin ella no somos más que niños correteando con bisturíes.

Somos humanos. Cometemos errores, malinterpretamos, tomamos decisiones incorrectas, pero cuando un cirujano se equivoca no es tan sencillo. La gente se hiere, sangra, así que luchamos en cada punto, agonizamos en cada sutura porque los juicios precipitados, las decisiones que tomamos sin pensar, sin vacilar… son las que nos persiguen eternamente.

5.13: “Escalera hacia el cielo”

Creo en el cielo y también en el infierno, no los he visto pero creo que existen. Tienen que existir. Que sin cielo y sin infierno iríamos todos al limbo (Danny Duquette).

Cielo, infierno, limbo, nadie sabe a dónde vamos, ni lo que nos espera cuando lleguemos. Pero lo que sí podemos decir, lo que sabemos a ciencia cierta es que hay momentos que nos llevan a otro lugar, momentos celestiales en la Tierra… quizá por ahora es cuanto necesitamos saber (Danny Duquette).

5.14: “Aplaca tu corazón”

Cualquier estudiante de primero de medicina sabe que un pulso acelerado es síntoma de problemas. Un pulso acelerado puede indicar cualquier cosa, desde un ataque de ansiedad hasta algo más, mucho más grave: un corazón agitado o ser síntoma de una aflicción secreta… o puede indicar romanticismo: el mayor de todos los problemas.

Parece que no controlamos nuestros propios corazones. Las cosas pueden cambiar sin avisar, el romanticismo puede hacer que el corazón se salga del pecho, igual que el pánico. Y el pánico puede pararlo de pronto. Es natural que los médicos pasen tanto tiempo intentando estabilizar el corazón, bajar sus pulsaciones, intentar regularlo, evitar que se salga del pecho por miedo a algo terrible o por el presagio de algo completamente diferente.

5.15 “Antes y después”

Las historias de todos los pacientes comienzan igual, con ellos encontrándose bien. Empiezan en el antes, se aferran a ese momento, al recuerdo de encontrarse bien, como si hablar de ellos fuera a trasladarles a ese momento. Pero no se dan cuenta de que el hecho de que nos lo estén contando a nosotros, sus médicos, significa que no hay vuelta atrás. Cuando vienen a vernos ya están en el después, y aunque las historias de todos los pacientes comienzan igual, su desenlace depende de nosotros, de que les diagnostiquemos correctamente, sus historias dependen de nosotros, y todos queremos ser héroes.

5.16: “Un error involuntario”

Es algo habitual cuando la gente se entera de que eres médico, dejan de considerarte persona y comienzan a verte como algo más importante; tienen que vernos así como dioses sino seríamos como los demás, inseguros, imperfectos, normales. Así que nos hacemos los fuertes, nos comportamos estoicamente, ocultamos el hecho de que somos humanos.

Los pacientes nos consideran dioses, y sí, o nos consideran monstruos, pero lo cierto es que sólo somos personas. Nos equivocamos, perdemos la perspectiva. Hasta los mejores tienen un mal día, pero debemos pasar página. No nos dormimos en los laureles ni celebramos las vidas que hemos salvado porque siempre hay otro paciente que necesita nuestra ayuda así que nos obligamos a seguir intentándolo, a seguir aprendiendo, con la que esperanza de que tal vez, algún día, nos parezcamos un poco más a los dioses que nuestros pacientes necesitan que seamos.

5.17: “Te seguiré hasta la oscuridad”

Todos los cirujanos que conozco tienen una sombra, una nube de temor y dudas que sigue hasta a los mejores al quirófano. Fingimos que no tenemos esa sombra, creyendo que si salvamos más vidas y mejoramos nuestra técnica, que si nos alejamos, se cansará y dejará de perseguirnos, pero no puedes escapar de tu propia sombra.

Todos los cirujanos tienen una sombra. El único miedo de deshacerse de una sobra es apagar las luces, dejar de huir de la oscuridad y enfrentarte a tus temores. Seguir.

5.18: “No me abandones”

Los cirujanos no son conocidos por su afabilidad, son arrogantes, impacientes y fríos. Dicen que no tienen amigos, que no les aguantan. Los cirujanos son como un mal catarro, desagradables, insistentes. Cirujanos, desagradables, agresivos, imparables; el tipo de gente que necesitas a tu lado cuando estas jodido.

La práctica de la medicina no suele ser compatible con la amistad quizá porque la vida y la muerte son parte de nuestro día a día, quizá porque ver la muerte a diario, nos obliga a saber que la vida, cada minuto, es un regalo. Cada persona que nos permitimos querer, no es más que otra futura pérdida. Por esa razón conozco a médicos que no se molestan en hacer amigos, pero el resto nos empeñamos en retrasar ese momento, en desterrar esas pérdidas lo más lejos posible.

5.19: “Carta de amor en el ascensor”

Los cirujanos somos complicados, somos carniceros, carniceros ansiosos por coger un bisturí. Abrimos a la gente, se nos mueren pacientes y seguimos con nuestra vida. Provocamos traumas, sufrimos traumas, no tenemos tiempo de pensar en cómo nos hacen sentir la sangre y la muerte (Alex Karev).

No importa lo fuertes que seamos, los traumas siempre dejan cicatrices, nos siguen hasta casa, cambian nuestras vidas. Los traumas complican nuestras vidas pero quizás sea su fin, el dolor, el miedo, la miseria, quizás pasar por eso nos hace seguir viviendo, es lo que nos empuja. Quizás necesitemos complicaciones, para asumir responsabilidades (Alex Karev).

5.20: “Dulce rendición”

La derrota no es una opción para los cirujanos. No nos apartamos de la mesa hasta mucho después de que desaparezca el último halito de vida. Los pacientes terminales son un reto, la amenaza de la muerte nos ayuda a levantarnos. No se nos intimida con facilidad, no nos amedrentamos, no nos echamos atrás ni nos rendimos. Al menos en el trabajo.

Para hacer nuestro trabajo debemos creer que la derrota no es una opción, que por muy mal que estén nuestros pacientes les queda una esperanza. Pero incluso cuando la esperanza da paso a la realidad y tenemos que rendirnos sólo significa que hemos perdido la batalla de hoy pero no la de mañana. Ocurre algo con la derrota si te dejas y te rindes de verdad olvidas porque estabas luchando antes.

5.21: “No saber pedir perdón”

¿Recuerdas cuando eran pequeños y mordían a otro niño sin querer en el recreo? El maestro decía ¡Pídele perdón! Lo decíamos pero no lo pensábamos porque el mocoso al que habíamos mordido se lo merecía. Pero cuando creces disculparse no es tan fácil, cuando acaban los días de recreo hay que decirlo en serio. Cuando eres médico perdón no es una palabra bonita, significa te estás muriendo, no puedo ayudarte o que va dolerte mucho.

Como médicos no podemos reparar nuestros errores y no nos perdonamos por ello, aunque son gajes del oficio, pero como seres humanos podemos intentar hacer lo que nos parezca lo mejor, reparar los errores aunque parezcan irreparables. Lo siento, no siempre es suficiente, quizás porque se utiliza muchas veces, como arma, como excusa. Pero cuando lo sentimos y lo utilizamos como es debido, cuando lo pensamos… cuando nuestras acciones dicen más que las palabras… cuando lo hacemos bien, lo siento es perfecto. Cuando lo hacemos bien, lo siento nos redime.

5.22: “La diferencia que supone un día”

Nunca sabes que el mejor día de tu vida va a ser el mejor. Los días que crees que van a ser grandes… nunca los son tanto como imaginaste. Los días normales, esos que empiezan igual que otro cualquiera son al final los más importantes. Y hoy fue el día de la boda, fue hermoso, perfecto (Izzie Stevens).

Nunca sabes que el mejor día de tu vida es el mejor… no hasta que está sucediendo. No reconoces el mejor día de tu vida… no hasta que estas justo en medio de él. El día que te comprometes con algo, o alguien; el día que te rompen el corazón; el día que conoces a tu alma gemela; el día que te das cuenta que no hay suficiente tiempo… porque quieres vivir para siempre. Esos son los mejores días, los días perfectos. (Izzie Stevens).

5.23: “Estos son los días futuros”

Cuando algo comienza normalmente no sabes cómo acabará, la casa que ibas a vender se convierte en tu hogar, los compañeros de piso se convierten en tu familia, y la aventura que ibas a olvidar se convierte en el amor de tu vida.

Pasamos la vida preocupándonos por el futuro, planeándolo, intentando predecirlo. Pensando en que saber cómo será amortiguará el golpe. Pero el futuro cambia constantemente, el futuro es el hogar de nuestros miedos y de nuestras esperanzas. Pero algo es seguro, cuando por fin se revela el futuro nunca es como lo imaginábamos.

5.24: “Ahora o nunca”

Los médicos pasan mucho tiempo pensando en el futuro, planeándolo, trabajando para él. Pero en algún punto, empiezas a darte cuenta, de que tu vida está pasando ahora, no después de la universidad o de la residencia, ahora mismo. Esta es tu vida, está aquí. Parpadea y te la perderás.

¿Lo dijiste? Te amo… no quiero vivir sin ti… cambiaste mi vida… ¿Lo dijiste? Haz un plan, fíjate una meta…  trabaja por ella. Pero ahora y cada vez más, mira a tu alrededor, vive a fondo… porque eso es todo… y podría desaparecer mañana.

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